La Boina

Tradiciones y Leyendas de Aragón

Abuelo

Mi abuelo (1976). En homenaje a ti, abuelo. Genio y Figura

Recientemente uno de mis hijos me sorprendía con un regalo inesperado, una boina. La prenda, de uso habitual al principio del siglo pasado, se ha ido perdiendo. Las prendas de cabeza de origen foráneo se han ido imponiendo en la sociedad actual merced a la influencia de la globalización de los medios de comunicación. Un compañero y amigo me hablo de la existencia de Asociaciones de Amigos de la Boina entre las que se encuentra la Asociación “Amigos de la Boina de Calatorao” liderada por un hermano suyo. Y la sorpresa fue mayúscula, al comprobar que estos hombres mantienen viva una tradición que merece la pena cuidar.
Cuando hablamos de la boina, nos estamos refiriendo a una gorra redonda y chata confeccionada de una sola pieza, reconocido como el tocado característico de los varones de nuestra región al principio del siglo pasado.
Nuestros abuelos llevaron boina antes de que el sinsombrerismo se extendiera y, lo que es peor, se impusiera la moda de la gorra de béisbol americana entre nuestros jóvenes, adultos y mayores, en un giro copernicano en la forma de cubrirse la cabeza.
Tampoco es de recibo ponerse un bombín, un hongo, un sombrero tejano o tirolés, una gorra de madrileño, o un sombrero andaluz; mucho menos una barretina catalana, un gorro asturiano o uno gallego.
No tenemos que inventar nada, tenemos la boina de toda la vida.
Algunas palabras que el castellano general ha tomado del aragonés son: fajo, faja, pleito, sisallo, chepa y boina.
Las primeras boinas llamadas así que se conocen en España, proceden de los pastores de los valles del Roncal y de Ansó.
Con anterioridad la usaron personajes célebres como Rembrandt, Calvino, Lutero, Erasmo, Francisco I y otros reyes y príncipes ingleses, alemanes e italianos; pueden verse retratos de algunos de ellos ataviados con cubrecabezas similares a las boinas.
En contra de lo que se cree, no las inventaron los vascos, aunque hay que reconocer que son los que más la usan a diario y han prestado su fama al nombre que la boina tiene en otras lenguas. Los extranjeros la designan siempre en sus idiomas respectivos con un nombre común y el calificativo de “vasca”: fr. béret basque, it. berretto dei Basqui, ing. Basque cap, al. Baskische platte mütze.
Se tienen algunas escasas noticias del uso de la boina antes del siglo XIX, pero no se generalizó hasta que, con las guerras carlistas la boina se difundió a las masas populares y el resto lo hizo la industria; la fábrica de Tolosa fue fundada en 1859,
Actualmente existe una empresa que sigue fabricando boinas. Puede encontrarse en Internet, se trata de Boinas Elósegui, (www.boinaselosegui.com) y también existe en el país vasco un museo de la boina en Balmaseda, en las antiguas instalaciones de una fábrica de boinas y algún otro en Francia.
Las boinas se diferencian, además de por su calidad, tramado, color e impermeabilización, por la talla de la cabeza del portador y por el vuelo.
Lo más corriente es que lleven ” forro ” y ” badana “, pero también las hay desnudas.
Las cabezas normales van de la 52 (cabeza de niño o de pajaro) a las normales de las tallas 57 a la 60.
Los cabezones pueden encontrarlas en el catálogo hasta la talla 63.
Los vuelos o anchura de la boina se miden en pulgadas, van desde las 10,5 hasta las 12; las más anchas son chapelas y pueden llegar hasta las 16 de vuelo.
La boina no tiene visera, pero sí, si se inclina hacia la derecha, hacia adelante, hacia la izquierda o hacia atrás.
El ” boinero ” de estirpe, apenas introduce la boina en su cabeza.
No la emplea para protegerse del sol ni de la lluvia, sino del frío.
El novato introduce la boina hasta las orejas y a veces desdobla hacia afuera el cerco de correa que la arma.
Un ” boinero ” conoce a quien no lo es por la forma de llevar la boina.
La boina es paradigma del mejor espíritu popular, resumen de las Españas, pero también la boina es europea.
Sobre todo, la boina es corolario del interclasismo. Democrática por excelencia, rural y urbana, la boina es intergeneracional y una de las pocas prendas “unisex” desde que la mujer francesa la incorporó a su atuendo en los años 30.
Así como otros tocados se han vinculado a ideologías o movimientos políticos o confesionales, en el caso de la boina ni el separatismo vasco, que usa la chapela, han podido apropiarse de este símbolo.
Civil y militar, proletario e intelectual cubre cabezas en la ciudad y en el campo, en el mar y en la montaña; confortable e isotérmica protege de las inclemencias del frío, del sol y de la lluvia. Manejable, a diferencia del sombrero, cómoda de guardar al destocarse, se dobla y se reduce hasta permitir que la llevemos en bolsillo.

Fuente: Amigos de la Boina de Calatorao

Publicado en “Aragón y Medicina” el 13 de febrero de 2010

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