La locura fingida, una leyenda de Montalbán

Tradiciones y Leyendas de Aragón

loca de amor

Desde hacía mucho tiempo, por una cuestión de linderos de fincas, dos familias de Montalbán, en Teruel, se había jurado odio eterno. Pero el destino quiso que un joven de una de ellas, llamado Germán, y una muchacha de la estirpe contraria, llamada Inés, se enamoraron. Ambos tuvieron que recurrir a las más increibles argucias para poder verse y hablarse. Algunas veces, Germán e Inés fueron descubiertos y castigados de forma severa por sus respectivas familias, cuyo odio mutuo, antes de mitigarse, crecía cada día, hata tal punto que la familia de la muchacha , para impedir que siguiera viendo a Germán, decidió encerrarla en la oscura torre del castillo de Montalbán, mientras que.por su parte, la familia del joven hizo también lo propio, enviando a Germán a una población cercana, al lado de unos parientes, con el fin de que olvidará a Inés.

Desesperado por no poder asumir la presencia de la mujer que amaba, Germán logró burlar la vigilancia a la que le tenían sometido sus parientes y escapó, llegando hasta la peña del Cid, en su pueblo natal. Allí construyó una cabaña de madera y de cañas para vivir en ella. La peña era un sitio ideal desde el que podía, aunque fuese de lejos, contemplar el castillo donde estaba encerrada y vivía su amada. Y eso era posible porque Inés solia asomarse muchas veces a la ventana de la estancia que le servia de morada. Con el tiempo, ambos lograron comunicarse por medio de señas, utilizando un código  que cada día se iba perfeccionando. Hasta el punto de que, valiéndose de él, Germán e Inés idearon una estratagema que les permitiese superar el dolor que les producia el estar separados.

Inés fingió enloquecer. La locura era, en aquel tiempo, como la lepra. Locos y leprosos se convertían de inmediato enmarginados sociales. Hasta la misma familia repudiaba a los miembros que tenían la desdicha de caer en las redes de estos estados, considerados malditos. Por eso la familia de Inés le otorgó a esta la total libertad de ir donde quisiera, lo que, en el fondo, era una forma de charla de la casa paterna para no sufrir ningún tipo de afrenta social. Todo esto, sin embargo, facilitó, tal como habían planeado los dos enamorados, su reencuentro. Y fue así como Germán e Inés, lejos del odio de sus familias, se unieron y pudieron gozar para siempre el mucho amor que se tenían.

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