José Peris Lacasa

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José Peris

El compositor y pedagogo José Peris Lacasa nació en Maella (Zaragoza) en 1924. Paisano de Pablo Gargallo empezó pronto a interesarse por la música y fueron dos sacerdotes, Fernando Fuster, de Maella, y León Andía, de Valdetormo, los que le enseñaron los secretos del órgano, aunque quizá antes empezó en la rondalla de su pueblo con la guitarra.

De Maella pasó al conservatorio de Zaragoza, y allí los profesores recomendaron a sus padres que lo mandasen a la capital de España. En el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid estudió piano, armonía y contrapunto, entre otras disciplinas, y composición y órgano con el maestro Jesús Guridi. Entró a formar parte de la órbita de Óscar Esplá, Salvador Bacarise o el navarro Fernando Remacha, contemporáneo de Pilar Bayona.Poco después recibió una beca para estudiar en Paris con Nadis Boulanger. En 1952 , fascinado por la obra de Carl Orff, se trasladó a Múnich y perfeccionó su aprendizaje con él. En 1958, gracias a su maestro y a Karl Amadeus Hartmann, ingresó en la Sociedad de Autores de Alemania.

Hacia 1960, casi contra pronóstico y los deseos de Orff, regresó a España para seguir el magisterio de su gran amigo Esplá. Trabajó en Alicante donde ganó la cátedra de Armonía, contrapunto y fuga del Conservatorio Superior, y fundó y dirigió el Festival Internacional de Música. En 1965 ganó el Premio Nacional de Música.

Le gustaba recordar que fue organista en el Palacio Real de Madrid y glosaba sus conciertos alrededor del mundo y en el Auditorio de Zaragoza.

Entre sus numerosas obras destacan su Elegía para Gisela, en homenaje a su mujer, fallecida en un accidente de tráfico y que estrenó Narciso Yepes; Variaciones para gran orquesta sobre una pavana de Luys de Milán, que fue una de sus primeras composiciones para orquesta, o Canciones para Dulcinea para voz y conjunto instrumental. También su versión de Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, de Joseph Haydn, para cuarteto de cuerda y voz, que estrenó en 2008 y que presentó ante el Papa Benedicto XVI en 2010. George Ratzinger escuchó en el Festival de Música Sacra de Nürenberg su versión de esa obra y se lo contó a Benedicto XVI. Así que cumpliendo con el deseo del Papa, se organizó la audición de la obra como regalo para el día de su onomástica en la Sala Clementina, al lado de la Capilla Sixtina. Además de toda la curia romana, acudieron periodistas de todo el mundo.

Académico de Honor de la Real Academia de San Luis José Peris falleció en Madrid en la madrugada del pasado día 5, a los 92 años de edad. Los restos mortales de José Peris Lacasa se trasladaron al Tanatorio de San Isidro, donde se celebró una ceremonia de despedida. Sus cenizas serán depositadas en su localidad natal.

 

Texto basado en uno de Anton Castro

Pedro Alfonso

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pedro-alfonso

Supuesto retrato de Pedro Alfonso recogido en el Liber Chronicarum cum figuris, incunable que desgrana una galería de notables filósofos, reyes, santos, poetas y sabios, publicado en 1493.

Rabbí Moisés Sefardí (1076 ?-1140 ?) nació en Huesca cuando todavía estaba bajo dominio musulmán.

Fue criado en la religión judía pero también educado dentro de un entorno musulmán. Conocía por lo tanto muy bien los textos bíblicos y la tradición filosófica proveniente del Islam. La ciudad de Huesca fue reconquistada por los cristianos en el 1096. Diez años mas tarde Moises Sefardí fue bautizado el día de san Pedro (29 de junio) del 1106. Tomó el nombre de Pedro por haber sido bautizado en su día y el de Alfonso en reconocimiento a su padrino el Rey Alfonso I de Aragón (Petrus Alphonsi = Pedro hijo de Alfonso). Ya en ese momento era un hombre culto y conocedor de las diversas tradiciones filosóficas y teológicas hispanas. Cultivó varias ciencias, entre ellas la medicina. Fue médico personal del Rey Alfonso. Sabemos que poco después de su conversión hizo un viaje a Inglaterra como “magister” en artes liberales, sobre
todo en Astronomía, teniendo como discípulo al prior del monasterio de Malvern, que aprendió con él el sistema de graduación astronómica arabe.

Pedro parece que regreso a Zaragoza alrededor de 1121, y con
posterioridad a esta fecha se rastrea su presencia en Tudela. Murió en torno al 1140.

Pedro Alfonso representa uno de los ejemplos preclaros de lo que ha querido llamarse la “España de las tres culturas”. Tres reinados se suceden dentro de la trayectoria vital de Pedro Alfonso: los de Sancho Ramirez (1043-1097), Pedro I (1068-1104) y Alfonso I (1073-1134). Se trata de una época de grandes cambios históricos y de una importancia cultural excepcional, con un intercambio muy intenso entre los mundos cristiano, judio y musulmán. Conviene recordar que en la segunda mitad del siglo XI, Zaragoza se
convierte en refugio de los más prestigiosos intelectuales de Al-Andalus. Pedro Alfonso, judio converso, contribuirá decididamente a la labor de transmisión de esa cultura hispanomusulmana.

En torno a las obras de Pedro Alfonso ha existido abundancia de especulaciones. Parece seguro que escribió “Diálogos contra los judíos”, una variada obra científica, y la “Disciplina Clericalis”, miscelánea de cuentos y setencias de amplísima difusión y sin duda su obra más famosa.

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Alfonso I de Aragón, por Francisco Pradilla

Luis Gracía-Abrines Calvo

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Luis-García-Abrines-Calvo

Desde estas líneas un pequeño y sincero homenaje a un aragonés que merece ser incluido en la galeria de Aragoneses ilustres

Luis García-Abrines, melómano, artista, lingüista, poeta, ciudadano del mundo y surrealista aragonés, nació en Zaragoza el 21 de junio de 1923, hijo del otorrinolarngólogo barcelonés Adolfo García-Abrines  y de Francisca Calvo, natural de Azuara (Zaragoza), estudió en el colegio de los jesuitas El Salvador de Zaragoza y en los Institutos Miguel Servet y Goya. Tras ganar unas oposicionesal Banco de Aragón fue destinado a Madrid, donde inició estudios de piano con Luis Galve.

En 1942 regresó a Zaragoza decidido a dedicarse al arte. Fue pintor y escultor y actuaba por las calles. En la capital aragonesa fue amigo de todas las figuras culturales del momento, desde Pilar Bayona a Alfonso Buñuel, hermano de Luis, o Miguel Labordeta.

Poraquella época frecuentó la tertulia del café Niké donde se reunía un grupo de artistas e intelectuales zaragozanos encabezados por Miguel Labordeta.

Acabó sus estudios universitarios en Madrid en 1948 (los habia iniciado en Zaragoza en la Facultad de Filosofia y Letras) licenciándose en Filología Románica iniciando su labor investigadora  con ediciones eruditas y críticas de diversas obras. Ese mismo año fundó junto a Manuel Derqui, la Sociedad Musical Sansueña, sección de música moderna de la Sociedad Filármonica de Zaragoza.

En 1952 viajó a París para estudiar música contemporánea, y allí hizó amistad con creadores aragoneses como Fermín Guayo u Honorio García Condoy, pero también con figuras como Pierre Boudez, Óscar Dominguez o Pablo Picasso.

Se casó en 1954 con Margaret Journakos, con quien tuvo un hijo y se instaló a vivir en Estados Unidos. Allí ejerció como profesor de Literatura Española, principalmente en la Universidad de Yale.

En 1967 contrajo matrimonio con Marie Ellen Branchini, profesora de Yale, con quien tuvo dos hijas, mellizas. Hij0 predilecto de Zaragoza en 1982 y Medalla de oro de Santa Isabel en 2000.

García-Abrines falleció el 20 de mayo de 2016 en su domicilio de New Haven, Conneticut (Estados Unidos) a los 92 años.

“Fue una persona que vivió para hacer felices a los que le rodeaban, maestro de la vida que derrochaba alegría y bondad sin medida” Juan Dominguez Lasierra

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Recuerdo y evocación de Luis García-Abrines. Antón Castro

Ha muerto Luis García-Abrines. Antón Castro

 

José Luis Aramendía Alfranca

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Aramendia

Fotografia tomada por Antono Garcia Omedes. En ella Aramendia está captando las arquivoltas de la Portada de la iglesia de Santa María la Mayor de Uncastillo. Así lo testifica en uno de sus escritos  el fotógrafo que la realizó

José Luis Aramendia Alfranca nació en la capital aragonesa en 1936, cursó el bachillerato en el colegio de los Hermanos Maristas y estudió Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza, en la antigua Facultad de la Plaza de Paraíso.

Fue un gran amante de la aventura y de los Pirineos, que recorrió de forma incansable. Fruto de esas andanzas fue la recopilación de numeroso material en forma de notas y fotografías que le permitió escribir y publicar una obra fundamental para conocer el románico aragonés. Se trata de El Románico en Aragón en seis volúmenes (Librería General y Leyere Ediciones, 2001-2003).

Es una magnífica herramienta para adentrarse en el románico aragonés, con abundante información histórica, descripciones, impresiones y datos prácticos, a modo de guía, de más de 500 monumentos de los XI y XII (ermitas, iglesias o fortalezas), que van desde cómo llegar a los sitios a dónde comer.

La obra se estructura por cuencas de los ríos: en el primer tomo las del Noguera Ribagorzana e Isábena; el segundo está dedicado al Ésera y el Cinca; el tercero a las cuencas del Ara, Vero, Alcanadre, Guatizalema y Flumen; el IV al Isuela y el Gállego, el V al Aragón y el Arba y el sexto volumen a las cuencas del Riquel, el Ebro y sus afluentes del sur.

En opinión de muchos, se trata de la más extensa y documentada obra sobre el Románico en Aragón y su consulta es imprescindible, tanto para excursionistas como para eruditos conocedores del tema.

José Luis Aramendia era presidente del Centro de la Tercera Edad de Cuarte de Huerva, socio de honor de la Asociación de Amigos del Castillo de Loarre y socio de Amigos del Románico. Aramendia escribió artículos, impartió multitud de conferencias, que se caracterizaban por su gran amenidad, y participó en varios programas de radio. Uno de los temas que más estudió es el del erotismo en el románico.

Falleció en Zaragoza en febrero de 2013, a los 76 años

La aventura militar de Cajal, un articulo de J.A. Gascón Sánchez

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Cjal militar

Hoy, día uno de mayo de 2016, se cumplen 164 años del nacimiento del Premio Nobel Don Santiago Felipe Ramón y Cajal. Por circunstacias ajenas a él y a su madre y con toda seguridad debidas a su padre nació allí (su padre ejercia en aquel momento en Petilla de Aragón, pequeño enclave navarro en el interior del territorio aragonés) este genial científico y probablemente el más insigne representante de la ciencia española.

Desconocidaq por muchos una de sus etapas vitales fue su época militar por lo que he elegido un artículo publicado en el número 124 de la revista Serrablo para publicar en este blog y rendir merecido homenaje a este aragonés universal.

La aventura militar de Cajal

En el primer sesquicentenario del nacimiento de Santiago Ramón y Cajal es de justicia que se honore al insigne neuroanatómico. Nacido el 1 de mayo de 1852 no ha muerto todavía porque su obra sigue vigente. Estos 150 años transcurridos desde su venida al mundo en Petilla de Aragón sirvieron, en primer lugar para que el sabio desarrollase su cumplido ciclo vital y en segundo término, tras su muerte en Madrid en 1934 para que su legado biológico, literario y artístico tuviese divulgación. La obra cajaliana, desde que en 1879 en Zaragoza publica su primer trabajo sobre la “Inflamación”, despertó entre los médicos vivo interés. Atrás quedaban la novela “La isla de Cajal” escrita en Huesca en la adolescencia o la perfección de los dibujos como alumno del Instituto oscense que motivó un viaje hasta Ayerbe del buen profesor y pintor León Abadías en el vano intento de convencer a Justo Ramón para que reconociese el talento pictórico que ya mostraba el jovencísimo vástago Santiago.

Ahora tiene 25 años y está a punto de acabar el doctorado. Ha estado en la cátedra de histología de Maestre de San Juan y conoce a Luis Simarro, futuro y berroqueño competidor en las más duras oposiciones de las siete que tuvo que sufrir Don Santiago. En la etapa zaragozana le leían muchos para entusiasmarse, algunos para zaherirle, todos para aprender. Leían y leen una obra imperecedera que más parece hecha por un coloso que por un hombre.

La época militar de Cajal no es demasiado conocida pese a estar bien detallada en su autobiografía… “Por aquel tiempo recrudeció la guerra separatista en la Gran Antilla motivando en la Sanidad Militar de la península nuevos sorteos de personal para cubrir bajas de Ultramar. Yo fui uno de los designados por la suerte…”.

Por la ley de Castelar todo joven español sano tenía que cumplir el servicio militar obligatorio. Cajal no fue una excepción. En 1883 con 21 años y la carrera de medicina recién terminada… “me vi haciendo vida de cuartel, comiendo rancho y realizando los ejercicios… “. Era soldado y estaba feliz. El patriotismo del neuroanatómico salta a la vista en cualquiera de sus escritos. Siendo recluta tiene noticia de la convocatoria de un examen para cubrir plazas y alcanzar el empleo de teniente médico.

Se prepara concienzudamente aunque tiempo escaso… “estudié de firme algo más de dos meses…”. Con el permiso concedido va al Hospital Militar de Madrid, hace los exámenes y obtiene el número 6. Se habían presentado 100 aspirantes para 36 plazas. Con el grado de teniente es destinado a la provincia de Lérida en donde los carlistas provocaban abusos y desórdenes. Tras varios meses en tierras leridanas, por sorteo y con el grado de capitán, es destinado a Ultramar. Vuelve a Zaragoza para despedirse de la familia y marcha a Cádiz para embarcar. La travesía dura tres semanas. Hace escala en San Juan de Puerto Rico, que le cautiva, y dos días después llega a la bahía de La Habana.

Las primeras semanas en la isla son las de más grato recuerdo. Ejerce como médico en el hospital y los ratos de ocio los dedica a callejear por la ciudad y cultivar el dibujo y la fotografía, sus aficiones favoritas. Tras La Habana, toma un vapor y desembarca en Nuevitas. De allí a Puerto Príncipe, en la provincia de Camagüey. A partir de este momento, a excepción de algún rato de tertulia en la Fonda del Caballo, todo va a ser tristeza, sufrimiento y dolor. Don Santiago, que llegó a la isla imbuido por los ideales de patriotismo y solidaridad, va a vivir en la manigua caribeña los meses más amargos de su existencia. El mosquito anofeles le va a regalar la malaria y los mambises, que es como los peninsulares llamaban a los insurrectos, avanzaban por las trochas con la orden de no dejar vivo a todo aquel llegado de la metrópoli. Triste destino el del ilusionado capitán que víctima del paludismo, la disentería y posterior caquexia acaba reconociendo que los fatídicos pronósticos de Don Justo, que en todo momento se opuso al traslado de su hijo a la isla, se iban a cumplir. Salir con vida de los destacamentos de San Isidro, San Miguel y Vista Hermosa sólo se concibe, aún aceptando las excepcionales facultades físicas de que siempre hizo gala Cajal, en la certitud de tratarse de un inusual favor de la Providencia.

Enemistado con algún superior por el mal uso de los menguados fármacos existentes en la enfermería (la quinina, medicamento de elección contra el paludismo escaseaba) y con enfrentamientos con su comandante (quien no podía reemplazarle porque no tenía con quien sustituirle) la vida de Cajal en Camagüey se convirtió en un tormento. Con anemia extrema, anorexia y crisis de hipertermias se quedó anulado e imposibilitado ante cualquier intento de aliento esperanzador. El optimismo cayó en picado. La salud se escapaba a chorros. Se vio abocado en tal marasmo que se le obligó a ingresar en el llamado Hospital de los Españoles. Ahora entraba no como sanitario sino como enfermo etiquetado de caquéctico grave. Estaba desahuciado.

Hemos dicho que la naturaleza del neuroanatómico fue, como su mente, privilegiada. En las fiestas patronales de Valpalmas en 1872, después de vencer en un concurso de barra aragonesa fue también superior a todos los mozos participantes a la hora de cargarse a la espalda la talega con más peso. Ante el asombro de la concurrencia, alcalde incluido, y con gran expectación se echó sobre sus hombros un cahíz, más de 180 kilos, ocho fanegas.

Esta naturaleza le salvó. Pero su salud sufrió tal quebranto que de por vida le quedaron secuelas. Su anatomía era casi perfecta pero la enfermedad se cebó con él de manera implacable. Sin embargo, pese a la gravedad en que fue ingresado, la sobrealimentación, la acción de quinina, el reposo, las medidas de higiene obraron el milagro. Tras varias semanas hospitalizado pudo volver a los bohíos del destacamento de Vista Hermosa.

Pero prontamente surgió la tremenda recaída. Hubo recidiva y confirmación del infausto pronóstico si continuaba en la manigua.

Con gran tristeza, él que amó la milicia y de la que no quería renunciar se vio obligado a pedir la baja por motivos ineludibles de salud. Por primera vez en su vida sintió miedo al ver la multitud de soldados y oficiales víctimas, más que de los mambises, de los estragos del anofeles y sus letales efectos. No podía más, estaba gravemente enfermo, al borde de la muerte cuando una providencial visita del brigadier de la zona inspiró en éste tal estado de conmiseración que ordenó el traslado del joven capitán al hospital de La Habana. No le arredró el hecho de ver caer incontable número de conmilitones sino la impotencia de la lucha contra el plasmodio, endémico en el manigual camagüeyano. De nuevo hospitalizado y tras cobrar ciertas pagas atrasadas pudo embarcar rumbo a la Península llegando a Santander en junio de 1875.

El regreso a casa fue gratificante. Los cuidados maternos, los consejos médicos de Don Justo y la serenidad del ambiente obraron como tónicos y reconstituyentes. Decidido a consagrarse a la investigación y a la docencia comenzó a estudiar anatomía intensamente. Por oposición obtiene la plaza de Director del Anfiteatro de Disección y comienza el doctorado. Se va a Madrid y ve por primera vez preparaciones histológicas en la cátedra de Maestre de San Juan. Queda fascinado ante los cortes micrográficos.

De vuelta a Zaragoza, jugando al ajedrez (Cajal fue también un consumado ajedrecista) en el café Iberia del Paseo de la Independencia sufre fuerte hemoptisis que le repite una vez acostado en su casa. Su padre se alarma y le obliga a riguroso tratamiento. A las pocas semanas Don Justo decide el traslado a Panticosa en cuyo balneario inicia la recuperación. Ulteriormente la estancia se prolonga en el monasterio nuevo de San Juan de la Peña, En ambos lugares le acompaña su hermana Pabla. Estos vómitos de sangre bronquiopulmonar provienen de una lesión tuberculosa añadida al paludismo todavía recidivante. No fue el último tributo que tuvo que pagar Cajal por haber estado combatiendo en las trochas de los siboneyes antillanos.

o que Cajal las bautizó ya en 1887. Y multitud de hallazgos neuroanatómicos que dan ligero atisbo de la amplitud de una labor excepcional. La explicación del funcionamiento de la articulación temporomandibular a partir de los reflejos surgidos en la encía, periodonto y borde de la lengua es tan sagaz como original. Probablemente fue el primer fotógrafo en color de España, En la plaza de la Misericordia zaragozana realizó una serie de fotografías, del ruedo y de los tendidos, de enorme valor iconográfico y muy buscada por los historiadores taurinos.

Creador de la Escuela histológica Española tuvo discípulos de la talla de Jorge F. Tello, Pedro Ramón y Cajal, Río Hortega, N. Achúcarro, Fernando de Castro, Ramón Pananas, Martínez Pérez, Sánchez y Sánchez, Villaverde, Rodríguez Lafora, Lorente de No, Sanz Ibáñez, Ortíz Picón, Clemente Estable e, indirectamente figuras de la categoría de Sherrington, Penfield y Severo Ochoa.

Soslayamos la obra literaria citando sucintamente tres de sus más conocidos libros de temas paramédicos: Los tónicos de la voluntad, Charlas de Café y El mundo visto a los ochenta años. Buen escritor, no en vano sustituyó a Juan Valera en la Academia Española de la Lengua.

Como pintor y dibujante, ahí están su autorretrato del Museo de Dibujo “Castillo de Larrés”, el álbum de láminas de cortes anatómicos de la Facultad de Zaragoza así como uno de sus bodegones expuesto en el Museo de Bellas Artes de Córdoba. Las representaciones de Anatomía de la universidad cesaraugustana son prodigiosas. Los dibujos de la “Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados” su obra magna y de obligada consulta por los estudiosos, son tan bellos como pedagógicos. Razón tenía Gregorio Marañón al lamentar que el bedel borrase las figuras que Don Santiago realizaba en sus clases.

La iconografía sobre don Santiago es tan buena como abundante. Aparte del ingente número de fotografías propias y ajenas, Mariano Benlliure, Victorio Macho, Pablo Serrano, José Gonzalvo, nos dejaron bellísimas esculturas. Joaquín Sorolla e Izquierdo Vivas, quien lo pinta con uniforme capitán, lo retrataron al óleo; Guillermo Pérez Baylo, en carboncillo y Pedro Frías a plumilla. Un reciente tapiz de hilo policromado de Conchita Prats de Vidal completa tan preciada colección.

Cuando en 1898 se perdió Cuba, Cajal sintió una profunda decepción, una indisimulada tristeza. Pero su patriotismo no menguó. Venció su amargura publicando su famoso opúsculo “A Patria chica, alma grande”. Reaccionó como nos enseña su admirado Gracián, con entereza. Aún mejor, con grandeza.

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Sebastián de Romero Radigales

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Sebastián de Romero

Sebastián Romero Radigales, cónsul general de España en Atenas entre 1944 y 1945, es un héroe universal gracias al esfuerzo de la fundación norteamericana Raoul Wallenberg, que ha investigado la trayectoria de este diplomático español que durante la Segunda Guerra Mundial, en contra de las directrices del régimen de Franco y jugándose la vida ante los nazis, logró salvar en Salónica a 600 judíos sefardíes que el nazismo quería exterminar.
Romero nació en Graus (Huesca) en 1882. Ingresó en la carrera diplomática a los 35 años tras licenciarse en Derecho en Zaragoza. El aragonés se casó con Elena Cutava a la que conoció en Grecia pero no tuvo hijos. Su cuñana al morir dejó una niña, Irene, de seis años a la que terminó adoptando. Elena Colito Castelli se refiere a él como su abuelo, un hombre al que califica como extraordinario.
Sebastián Romero Radigales murió en Madrid en 1970
El 26 de mayo de 2014 Yad Washen (Museo del Holocausto) declaró a este aragonés, “Justo entre las Naciones”.
Graus tiene una tarea pendiente y es el reconocimiento de su “hijo” cuyos vecinos no han sido conscientes de la personalidad de Sebastián de Romero.

Vicente Comet Sánchez de Rojas

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Comet

Comet nació en Zaragoza el 17 de agosto de 1928. Finalizó su carrera de Medicina en 1953 y, tras el doctorado, trabajó como médico en Binaced y como ayudante de cirugía en la Cruz Roja de Zaragoza. Se especializó como especialista en cirugía general y pediátrica en la universidad canadiense de Toronto. Ejerció como cirujano en el Sistema Público de Salud, . Fue consejero de Sanidad en el gobierno  socialista de Marco. Fue director médico del Hospital Provincial de Zaragoza. Comet fue también jefe del Servicio de Cirugía del desaparecido Centro Regional de Oncología Julián Sanz Ibáñez.

Amante del golf fue presidente del club de Golf “La Peñaza”.

Asesor médico del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad (MPDL), visitó en misiones de ayuda humanitaria varios países en situaciones de conflicto, es ahí donde muestra su talla humana y pasión por la aventura y el riesgo. Acompañando a Agustín Gavín, visitó por primera vez en 1993 la antigua Yugoslavia, el viaje estuvo marcado por la acogida en el hospital de Trebinje, de casi 90 refugiados de guerra. Vivió en primera persona el fallecimiento de varios niños, por frecuentes cortes de luz que impedian el buen funcionamiento de las incubadoras.Eso, al parecer, le marcó para implicarse más en el conflicto y seis meses después volvió con cientos de toneladas de suero y material quirúrgico.

En 1994 viajó a Albania. En Shkodër, segunda ciudad en número de habitantes, planificó la reconstrucción de una residencia de estudiantes de agricultura, posteriormente destruida en la crisis de los bancos piramidales. Poco después, con economías del Gobierno de Aragón, viajó a Camerún. También viajó a Cuba y Ruanda.

Por último, en los años 80 fundó con Miguel Ángel Nivela, Miguel Green y otros el “Club de Opinión 2000”. El lugar, como no podía ser de otra manera conociendo a Vicente, el Gran Hotel. Por allí pasaron para charlas y coloquios conocidos politicos nacionales.

El Gobierno de Aragón le concedió la Medalla a los Valores Humanos por su compromiso en el impulso de la cooperación internacional, su participación activa en el desarrollo de la sociedad civil y el fomento de la justicia, la equidad y la solidaridad entre los pueblos.

Medalla al Mérito en el Trabajo en su categoría de oro, Medalla de Santa Isabel de Portugal Hijo predilecto de Zaragozn, Vicente Comet falleció el 28 de larzo de 2016 en Zaragoza a los 87 años

 

Fernando Seral Iñigo

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Seral

Don Fernando Seral Iñigo nació en Zaragoza el 23 de septiembre de 1939. Al terminar los estudios preuniversitarios que realizó en el Colegio de los PP.Agustinos de Zaragoza, influenciado por los antecedentes familiares, dado que su abuelo el Dr. D. Manuel Iñigo Nougués fue cirujano general, y su padre el Dr. D. Francisco Seral Casas fue médico especialista en Traumatología, se inclinó por los estudios de Medicina. Realizó los estudios de licenciatura de Medicina y Cirugía en la Facultad de Medicina de Zaragoza, con un brillante expediente académico, recibiendo el Premio
Extraordinario de Licenciatura (1963), el Premio Nacional Fin de Carrera (1964) y el Víctor de Plata al mejor expediente nacional. Por Concurso Nacional, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, le fue concedida una beca por la Fundación Cardenal Albornoz, para el Real Colegio de San Clemente de los Españoles en Bolonia (Italia),
donde realizó labor asistencial, docente e investigadora, durante los cursos académicos 1963-1964 y 1964-1965, en la Clínica Ortopédica, Instituto Ortopédico Rizzoli, de la Universidad de Bologna, con el Prof. R. Zanoli. Obtuvo el título de Doctor
en Medicina y Cirugía por la Universidad de Bologna con la tesis doctoral “Le fratture dell ́acetabolo“con la calificación de sobresaliente cum laude y accesit al Premio “Vittorio Emmanuele II“, en 1965. Por concurso nacional, a través de la Embajada de Francia, fue becado para asistir en París a la Cátedra de Cirugía Ortopédica y Traumatología y al Servicio de esta especialidad en el Hospital Cochin con el Prof. Merle D ́Aubigné, durante el curso académico 1965-1966.

Trabajó posteriormente como Médico Interno en el Servicio de Huesos, Articulaciones y Rehabilitación de la Casa Salud Valdecilla de Santander con el Dr. D. Luís de la Sierra Cano.
Se incorporó a la docencia en la Cátedra de Patología Quirúrgica B de la Facultad de Medicina de Zaragoza, con el Prof. D. Manuel González González, Catedrático de Patología y Clínica Quirúrgica, al que considera su Maestro habiendo realizado su trayectoria universitaria bajo su dirección siendo Profesor Adjunto Interino (1967- 1969), Profesor Adjunto por oposición (1969-1973) y Prof. Adjunto Numerario de Patología y Clínica Quirúrgica desde 1973 a 1979. Por oposición en 1979 obtiene la plaza librode Profesor Agregado Numerario de Traumatología y Ortopedia de la Facultad de Medicina de Zaragoza, que desempeña hasta 1983, año en el que por concurso de
acceso es nombrado Catedrático. Fue Vicedecano coordinador de segundo ciclo (1980-1984) y Director del Departamento de Cirugía, Obstetricia y Ginecología (1999- 2001). Su labor asistencial fue realizada en el actualmente llamado Hospital Miguel Servet como Jefe de Equipo de Traumatología, por concurso-oposición nacional en 1973, siendo nombrado en 1978 Jefe del Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza, puesto que desempeña hasta septiembre de 2011, cesando por jubilación. En este Servicio junto a la labor
asistencial, dirigió la formación práctica de los pregraduados así como la de los Médicos Residentes de Traumatología y Cirugía Ortopédica, habiendo formado parte de la Comisión Nacional de Especialidades (1994-1998). En 1988 es nombrado Académico Numerario de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, presentando su discurso de ingreso sobre “Artroplastia total de cadera: un desafío a la biología“. En enero de 1998 le correspondió la lectura del discurso inaugural del Curso Académico con el título “Cirugía Ortopédica y Traumatología hacia el Siglo XXI”.
Ha dirigido numerosas tesis doctorales, y colaborado en la publicación de abundantes. En colaboración con el Prof. González publicó Lecciones de Patología Quirúrgica: Generalidades (1976), Cráneo, columna vertebral, cara y cuello (1977) y Extremidades
(1977). Posteriormente publicaría Lecciones de Traumatología y Cirugía Ortopédica: Generalidades tomos I, II y III (1984). Autor de nuemrosos artículos en revistas nacionales y en revistas internacionales. Es investigador colaborador del
Departamento de Estructuras, Formas y Medios Continuos del Centro Politécnico Superior de Zaragoza dirigido por el Prof. M. Doblaré, habiendo participado en numerosos proyectos financiados por diversas instituciones. Ha sido Director de 28 Cursos Monográficos del Doctorado, siendo muy numerosas las ponencias y comunicaciones presentadas en diversos Congresos de la especialidad. Forma parte
del Grupo Español de la Asociación suiza de osteosíntesis (AO) dirigida por el Prof. M. Müller habiendo impartido Cursos Básicos y participado en Cursos Avanzados.
Fue Presidente de la Sociedad Española de Cirugía de Cadera (1993-1994), Presidente de la Comisión de Docencia e Investigación de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (1993-1994), Presidente del Comité Organizador del Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología celebrado en Zaragoza (1994), Presidente de la Sociedad Española de Cirugía de la Rodilla (1999 y 2000), y Fundador y Presidente de la Sociedad Aragonesa de Traumatología (1998).
Ha recibido premios de la Asociación Española de Cirujanos de la Infancia(1966), de la Real Academia de Medicina de Zaragoza(1968), premios nacionales de investigación de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (1993,1994, 1996,1997,1998 y 2001), de la Sociedad Española de Cirugía de Cadera, de la Sociedad Española de Rodilla y de la Fundación MAPFRE.

Fenando Seral nos ha dejado, falleció ayer, 10 de marzo de 2016, de forma inesperada. Continuador de una estirpe médica familiar su labor se verá prolongada por alguno de sus hijos. Queda en el recuerdo sus clases magistrales de Patología Quirúrgica en la nueva Facultad de Medicina. Fueron muchas las horas las que este médico que firma, alumno interno en su servicio, se pasó estudiando en sus libros y disfrutando de su verbo y de su quehacer asistencial. Muchas gracias maestro.

Felipe Abás Aranda

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Cristo crucificado en la agonía, propiedad de la Real Sociedad Económica Aragonesa de amigos del País.[

Desconocido para la mayoría de los aragoneses Felipe Abás nació en Calaceite (Teruel) el 30 de abril de 1777. Es el tercero de los hijos del matrimonio que contrajeron Manuel Abás y Francisca Aranda en 1.770. Poco se sabe de su infancia y adolescencia en el Matarraña . En 1793, a los 16 años ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Luis, que había sido fundada en abril del año anterior por Carlos IV. Allí paso cuatro años siendo un alumno aplicado como así hicieron constar dos de sus profesores Optó en los años 1.802 y 1.805 a los Premios de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, aunque no los consiguió. Continuó sus estudios como queda dicho en Madrid, bajo la dirección de Don Francisco de Goya y 1 de febrero de 1805 es distinguido con el titulo de Académco Supernumerario de la Real Academia de San Luis (el primer académico supernumerario del que tenemos constancia en la historia de la Real Corporación

Conocemos escasos datos de la vida de Felipe Abas tras abandonar las aulas de San Fernando, posiblemente al concluir el curso académico en junio de 1805. Debió ser por entonces cuando, creado ya académico supernumerario de la Real de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza el día 1 de febrero del mismo año, ejecutó y envió a la corporación zaragozana la copia del Cristo Crucificado que Goya había entregado en 1780 a la Real Academia de Bellas Artes de San Femando como trabajo de recepción como miembro de la misma y que en aquellos años se encontraba en la iglesia del madrileño convento de San Francisco el Grande.

A los 28 años probablemente empezó a trabajar con su maestro por el que sentía una auténtica devoción. En 1.813 Goya le otorgó el título de pintor del Ayuntamiento de Madrid; pocos días después del nombramiento, Abás Aranda murió, cuando sólo contaba 36 años de edad, desconociendo la causa.

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Galo Leoz Ortin

Aragoneses Ilustres

Galo Leoz

Galo Nicanor Benito Leoz Ortin nació en Alcañiz (Teruel) el 22 de abril de 1879 y llego a obtener la consideración y estima de don Santiago Ramón y Cajal  siendo conceptuado como una de las primeras autoridades científicas europeas en Oftalmología.

Durante su vida solo utilizó el primero de sus tere nombres, Galo cuando fue niño y Don Galo, o doctor Leoz, durante su vida de oftalmólogo. La combinación de los dos apellidos, sin embargo, no pudieron sistematizarse tan fácilmente como el nombre, y siempre fueron objeto de malos entendidos. Por ejemplo, cuando Santiago Ramón y Cajal fue profesor suyo en la Facultad de Medicina de San Carlos en Madrid, le dijo en una ocasión: “Usted, Leoz, tiene los apellidos cambiados. En vez de llamarse Leoz Ortin, debería llamarse León Ortiz, eso lo hace usted por llevar la contraria”.

Don Galo falleció  a los 110 años en Madrid y fue considerado como el médico de mayor edad del mundo. Por sus manos pasaron más de 50.000 pacientes de tres generaciones. El doctor Leoz, que pasó consulta hasta los 103 años, fue uno de los pioneros en el estudio sobre la degeneración y regeneración de los nervios ópticos, así como en el trasplante de córnea. Se asentó desde su adolescencia en Madrid. Vivió la guerra de África y la Primera Guerra Mundial, y no ocultaba sus simpatías por la República. Fue profesor de Oftamología en la facultad de Medicina de Madrid, donde había estudiado la carrera, y fue autor de un libro y cientos de trabajos, entre otros el titulado Trabajos de laboratorio de investigaciones biológicas de la Universidad de Madrid, que fue dirigido por el premio Nobel Ramón y Cajal.

Galo Leoz fue un amante de la música clásica, especialmente de la barroca, y sentía gran predilección por la ópera. En 1979, año en que cumplió el siglo, asistía a conciertos, aunque reconocía que ir a espectáculos le causaba tristeza: “Porque todos mis amigos han muerto”. Cuando contaba los 110 años, confesaba que no tenía ningún secreto para la longevidad, aunque sí llevaba una vida normal pero moderada: “Lo que sí he hecho ha sido no preocuparme de mi salud para nada”. Leoz tenía la Medalla de Oro al Trabajo, fue presidente de la Sociedad Española de Oftalmología, presidente de honor de la Sociedad Internacional de Neurología, con sede en Washington, y miembro de honor de las sociedades de oftalmología de la RFA, el Reino Unido e Italia.