Ser médico

Medicina y Salud Pública

Este documental esta coproducido por el Instituto de Ética Clínica Francisco Vallés – UE y la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), pretende destacar las virtudes que debe tener un médico. Estructurado en siete virtudes que debe tener el médico (voluntad, sacrificio, investigación, humanidad, excelencia, universalidad y compromiso), cuenta con los testimonios del director de cine José Luis Garci, del líder sindical y médico José María Fidalgo, del filósofo Javier Sádaba, del presidente del ICOMEM D. Miguel Ángel Sánchez Chillón, y de otros médicos jóvenes y no tan jóvenes. Además, recoge las grabaciones históricas recuperadas del Dr. D. Santiago Ramón y Cajal, del Dr. D. Severo Ochoa, del Dr. D. Gregorio Marañón, del Dr. D. Carlos Jiménez Díaz o del Dr. D. José María Segovia de Arana.

La nuestra es la única profesión que atiende y protege la salud de las personas desde antes de nacer hasta su muerte.

No debemos  olvidar que la medicina es la profesión a la cual, los seres humanos, en calidad de pacientes, acuden con más confianza o fe.

El médico debe actuar con gran honestidad y tratar al paciente con todo respeto y consideración. Por eso, no debemos llamarlo cliente (como algunos les dicen en la medicina privada), ni usuario, sino que siempre debe calificársele respetuosamente como paciente, y sobre todo, reconocer la “dignidad” que, como persona, tiene, y tratarlo como quisiéramos ser tratados nosotros cuando estamos enfermos.

 

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El Árbol de la Ciencia, de Pio Baroja

Mi Biblioteca

El árbol de la Ciencia

El árbol de la ciencia es una novela escrita por Pío Baroja. Aunque publicada en 1911, la acción se desarrolla entre 1887 y 1898. Es una obra de carácter casi autobiográfico dividida en dos partes simétricas (I-III y V-VII) separadas por una larga conversación filosófica entre el protagonista y su tío, el doctor Iturrioz.
Probablemente esta novela era de obligada lectura durante el bachillerato ¿quién se acuerda ya de ella?, a juzgar por el color del papel y la fecha de la edición: 1982, la vigésima en libro de bolsillo. Y unos cuantos años después, cuando se relee, se disfruta mucho más que entonces. Algo bueno ha de tener envejecer.
Baroja nos presenta a un trasunto de sí mismo, Andrés Hurtado, que es el permanente insatisfecho porque tiene una gran capacidad de análisis- y ningún talento para disfrutar de la vida, todo hay que decirlo-
Huérfano joven de madre, no encuentra acomodo en su familia, consuelo en Dios o confianza en la Iglesia. Sus estudios de Medicina, su esperanza en encontrar camino en la Ciencia, se ven desmitificados desde el primer día de clase por lo absurdo y surrealista del sistema de educación. La proximidad de la Medicina con la muerte queda bien expresada en este párrafo que habla de sus días de estudiante y las clases en la sala de disección: `Eran casi siempre cuerpos esqueléticos, amarillos, como momias. Al dar en la piedra hacían un ruido desagradable, extraño, como de algo sin elasticidad que se derrama; luego los mozos iban cogiendo los muertos, uno a uno, por los pies y arrastrándolos por el suelo, y al pasar unas escaleras que había que bajar a un patio donde estaba el depósito de la sala, las cabezas iban dando lúgubremente en los escalones de piedra. La impresión era terrible; aquello parecía el final de una batalla prehistórica o de un combate de circo romano, en que los vencedores fueran arrastrando a los vencidos´.
Acometerá la profesión de médico con más vocación de filósofo que de matasanos y sobrevivirá a sus diferentes y tristes experiencias profesionales gracias a sus inquietudes intelectuales, que le servirán de parapeto ante las miserias humanas que va conociendo a lo largo de su vida.

Enfermera, de Enma Cano

ArsMedica

enfermera

Enma Cano, pintora, ilustradora y muralista, semiautodidacta como se define ella, muestra el lado humano de los hospitales y lo traslada al lienzo.

Sus cuadros muestran la realidad del enfermo y del personal que le cuida dotándo a sus cuadros de una atractiva belleza llena de humanidad.

No he podido dejar pasa la oportunidad de subir a este apartado de mi bitácora un cuadro de esta pintora ovetense ajena al campo de la medicina pero que supo, durante su estancia en un hospital, llegar hasta lo más profundo de lo que la relación médico paciente puede dar.

El Doctor, de Randa Haines

Medi-Cine

El Doctor

La película fue dirigida por Randa Haines en 1991 y en el reparto cuenta con William Hurt, Elizabeth Perkins, Mandy Patinkin, Christine Lahti, Adam Arkin, Bill Macy, Charlie Korsmo y Wendy Crewson.
La película cuenta la historia de Jack Mac Kee (Hurt), un brillante cardiólogo que tiene que enfrentarse de repente a una enfermedad que le convierte en un paciente ordinario de su propio hospital. Por primera vez en su vida se ve obligado a sentir lo que todos los pacientes sienten y a confiar ciegamente en un sistema médico que no es infalible, con su eterna burocracia, sus exámenes humillantes, sus imponentes aparatos, y sus abarrotadas salas de espera.
Una carrera en la Medicina, próspera y llena de éxitos, ha proporcionado al doctor Mac Kee una vida muy agradable, con una estupenda familia, una lujosa casa y todos los signos externos de la prosperidad. Lo único que no posee es auténtica compasión por los pacientes que tiene a su cuidado. Cuando Jack se da cuenta de la diferencia que existe entre tratar simplemente a un paciente y preocuparse por él, conoce a una jovén llamada June (Elizabeth Perkins), cuya fortaleza y espíritu poco comunes se convierten en
catalizadores para su propia recuperación y para comprender que un médico debe conocer primero el corazón antes de operar uno.

El guión se basa en la autobiografía del reunmatólogo jubilado Edward Rosenbaum, titulada `Probando mi propia medicina’, publicada en 1988. En ella cuanta su experiencia tras ser diagnosticado de un cáncer de laringe.
Una pelicula para pasar una tarde entretenida.

“El Doctor” Fragmento en español (1991)

 

El Sacamuelas”, un óleo de Gerrit Van Honthorst

ArsMedica

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El Sacamuelas”, un óleo de Gerrit Van Honthorst. Pintura sobre tabla. Kunsthistorisches Museum, Viena. Austria

El “sacamuelas” o para ser exacto, el cirujano-barbero, recorria los pueblos durante la Edad Media extrayendo muelas, cortando el pelo, haciendo sangrias o “sajando” abscesos. De dificil acceso a la formación académica se diferenciaban de los médicos al considerarlos de inferior condición y con los que, en la mayoría de las ocasiones, no guardaban una buena relación.