La batalla de Borodinó, un óleo de Louis-François Lejeune

ArsMedica

Borodinó

La batalla de Borodinó, un óleo sobre lienzo (1822) del baron Louis-François Lejeune (1775-1848). 2,10 x 2,64 m. Versailles, Château et Trianons

El 7 de septiembre de 1812 el ejército ruso entró en combate contra las tropas de Napoleón cerca de Borodinó. La batalla, conocida por los franceses como la batalla de Moscú, está considerada como una de las más sangrientas de todas las guerras napoleónicas, superando incluso a la de Waterloo. Los franceses tuvieron una victoria táctica, sin embargo no consiguieron destrozar a las fuerzas rusas bajo las órdenes del Principe Mijaáil Golenischev-Kutúzov. A pesar de que la retirada del ejército ruso, después de borodinó, tuvo como consecuencia la destrucción de gran parte de Moscú, la ocupación de la capital no condujo a la derrora rusa, sino a la desinbtegración de la Grand Armée francesa.

Larrey

Ardua, muy ardua debió ser la tarea de los médicos militares de ambos bandos. Cirujanos, en su mayoría, que desarrollaban su labor en pleno campo de batalla, como nos muestra en su cuadro el pintor y general Lejeune. Entre esos médicos militares estaba el propio Cirujano Jefe del ejército de Napoleón, Dominique Larrey, y así nos lo muestra en su cuadro Lejeune (quien, por cierto, debía conocerle personalmente). Cómo se aprecia con detalle en la imagen inferior los médicos militares trabajaban en pleno campo de batalla.

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Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola

Medi-Cine

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Cuando Coppola estrenó su film en 1979, bastantes metros de película quedaron fuera. Era impensable estrenar un film algo extraño de más de tres horas, cara a su explotación comercial. Pero la versión ‘redux’ (o sea, reconducida) incorpora escenas que ayudan a entender mejor el film: lo más llamativo es la parte de la plantación francesa, que recuerda la época colonial, y la decadencia de unas personas que se niegan a aceptar la desaparición de su estilo de vida; la reaparición de las chicas Playboy en medio de las lluvias torrenciales, con el uso y abuso de las mismas, que muestra de modo terrorífico los extremos de degradación a los que puede llegar el ser humano; y más metraje en el río y de Kurtz.

los intentos de Kurtz de expresar el estado de su alma, las dudas que le acometen… son esfuerzos notables por descender al abismo en que puede caer el hombre.

Una obra de arte

Litiasis renal

Medicina y Salud Pública

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Una piedra o un cálculo renal es una pieza sólida de material que se forma en el riñón debido a sustancias presentes en la orina. Puede ser tan pequeña como un grano de arena o tan grande como una perla. La mayoría de las piedras renales se eliminan del cuerpo sin ayuda médica. Pero algunas veces una piedra no es fácil de eliminar. Puede atorarse en las vías urinarias, bloquear el flujo de orina y causar un gran dolor.

Los siguientes signos pueden indicar la existencia de litiasis urinaria, urolitiasis o nefrolitiasis, que necesitan atención médica:
  • Dolor extremo en la espalda o un costado que no desaparece
  • Sangre en la orina
  • Fiebre y escalofríos
  • Vómitos
  • Orina con mal olor o con apariencia turbia
  • Sensación de ardor al orinar
Síndromes que se pueden producir en la litiasis renal:
  • Cólico nefrítico. Al salir los cálculos del riñón producen un taponamiento de la salida de orina del riñón produciéndose un dolor intensisimo, que aparece en la zona renal (lumbar ó espalda baja) y se irradia hacia el abdomen anterior hacia los genitales. Es un dolor intermitente que no se alivia y se asocia a nauseas, vómitos, sudoración y sensación de hinchazón abdominal. No suele dar fiebre.
  • Dolor lumbar. Es un dolor persistente y más solapado en la zona lumbar
  • Hematuria. Que es la aparición de sangre en la orina. Puede ser visible a simple vista o a veces tan sólo microscópica. Se produce por las lesiones que produce el calculo en su paso por las estructuras del riñón.
  • Infecciones de orina. Por su situación algunos cálculos solo se descubren por infecciones frecuentes de la orina.

 

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Felipe Abás Aranda

Aragoneses Ilustres

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Cristo crucificado en la agonía, propiedad de la Real Sociedad Económica Aragonesa de amigos del País.[

Desconocido para la mayoría de los aragoneses Felipe Abás nació en Calaceite (Teruel) el 30 de abril de 1777. Es el tercero de los hijos del matrimonio que contrajeron Manuel Abás y Francisca Aranda en 1.770. Poco se sabe de su infancia y adolescencia en el Matarraña . En 1793, a los 16 años ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Luis, que había sido fundada en abril del año anterior por Carlos IV. Allí paso cuatro años siendo un alumno aplicado como así hicieron constar dos de sus profesores Optó en los años 1.802 y 1.805 a los Premios de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, aunque no los consiguió. Continuó sus estudios como queda dicho en Madrid, bajo la dirección de Don Francisco de Goya y 1 de febrero de 1805 es distinguido con el titulo de Académco Supernumerario de la Real Academia de San Luis (el primer académico supernumerario del que tenemos constancia en la historia de la Real Corporación

Conocemos escasos datos de la vida de Felipe Abas tras abandonar las aulas de San Fernando, posiblemente al concluir el curso académico en junio de 1805. Debió ser por entonces cuando, creado ya académico supernumerario de la Real de Bellas Artes de San Luis de Zaragoza el día 1 de febrero del mismo año, ejecutó y envió a la corporación zaragozana la copia del Cristo Crucificado que Goya había entregado en 1780 a la Real Academia de Bellas Artes de San Femando como trabajo de recepción como miembro de la misma y que en aquellos años se encontraba en la iglesia del madrileño convento de San Francisco el Grande.

A los 28 años probablemente empezó a trabajar con su maestro por el que sentía una auténtica devoción. En 1.813 Goya le otorgó el título de pintor del Ayuntamiento de Madrid; pocos días después del nombramiento, Abás Aranda murió, cuando sólo contaba 36 años de edad, desconociendo la causa.

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Juana la Loca, de Francisco Pradilla

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Juana_la_Loca_de_Pradilla

El aragonés Francisco Pradilla Ortiz pintó este cuadro en 1877al que tituló “Juana la Loca, donde vemos a Juana I de Castilla frente al féretro de su amado e infiel esposo, Felipe I de Castilla, llamado el Hermoso, causante de gran parte de sus males  como la pasión arrebatadora de un amor no correspondido, la locura por desamor, los celos desmedidos y la necrofilia

Juana la Loca, óleo sobre lienzo de Francisco Pradilla. 340 x 500 cm Museo del Prado Madrid

Galo Leoz Ortin

Aragoneses Ilustres

Galo Leoz

Galo Nicanor Benito Leoz Ortin nació en Alcañiz (Teruel) el 22 de abril de 1879 y llego a obtener la consideración y estima de don Santiago Ramón y Cajal  siendo conceptuado como una de las primeras autoridades científicas europeas en Oftalmología.

Durante su vida solo utilizó el primero de sus tere nombres, Galo cuando fue niño y Don Galo, o doctor Leoz, durante su vida de oftalmólogo. La combinación de los dos apellidos, sin embargo, no pudieron sistematizarse tan fácilmente como el nombre, y siempre fueron objeto de malos entendidos. Por ejemplo, cuando Santiago Ramón y Cajal fue profesor suyo en la Facultad de Medicina de San Carlos en Madrid, le dijo en una ocasión: “Usted, Leoz, tiene los apellidos cambiados. En vez de llamarse Leoz Ortin, debería llamarse León Ortiz, eso lo hace usted por llevar la contraria”.

Don Galo falleció  a los 110 años en Madrid y fue considerado como el médico de mayor edad del mundo. Por sus manos pasaron más de 50.000 pacientes de tres generaciones. El doctor Leoz, que pasó consulta hasta los 103 años, fue uno de los pioneros en el estudio sobre la degeneración y regeneración de los nervios ópticos, así como en el trasplante de córnea. Se asentó desde su adolescencia en Madrid. Vivió la guerra de África y la Primera Guerra Mundial, y no ocultaba sus simpatías por la República. Fue profesor de Oftamología en la facultad de Medicina de Madrid, donde había estudiado la carrera, y fue autor de un libro y cientos de trabajos, entre otros el titulado Trabajos de laboratorio de investigaciones biológicas de la Universidad de Madrid, que fue dirigido por el premio Nobel Ramón y Cajal.

Galo Leoz fue un amante de la música clásica, especialmente de la barroca, y sentía gran predilección por la ópera. En 1979, año en que cumplió el siglo, asistía a conciertos, aunque reconocía que ir a espectáculos le causaba tristeza: “Porque todos mis amigos han muerto”. Cuando contaba los 110 años, confesaba que no tenía ningún secreto para la longevidad, aunque sí llevaba una vida normal pero moderada: “Lo que sí he hecho ha sido no preocuparme de mi salud para nada”. Leoz tenía la Medalla de Oro al Trabajo, fue presidente de la Sociedad Española de Oftalmología, presidente de honor de la Sociedad Internacional de Neurología, con sede en Washington, y miembro de honor de las sociedades de oftalmología de la RFA, el Reino Unido e Italia.

Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie, de Juan Eslava Galán

Mi Biblioteca

Juan Eslava

“En la taberna de El Gorrión, a la sombra de la catedral de Jaén, Arturo Pérez-Reverte, Fito de Cózar y yo tomábamos vino añejo y queso con rosquillas.
-¿En qué andas metido ahora? –me preguntó Arturo.
-Todavía no tiene título. Es una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie.
-Ése es el título –dijo Arturo.
Gracias, maestro.”
Así empieza este notable libro que es una gozada leer.

Ambulancia Mercedes-Benz 320 1937

Medios de Transporte de Enfermos y Heridos

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El Mercedes-Benz 320 comenzó su vida comercial en febrero de 1937. La desginación 320 hacía alusión a la cilindrada de su motor. Incluso en el otoño de 1938 siguió designándose así al aumentar la cilindrada de 3208 a 3405 cm3.

Cómodas y con gran variedad  de carrocerías (berlinas, coupé, cabriolet…) entre las que tenemos esta  de gran utilidad en la sanidad civil de Alemania por aquella época.

No fue un coche de gran difusión y verlo con esta configuración de ambulancia es aun más raro. Es la causa de que esta unidad que presentamos en la imágenes se encuentre celosamente resguardada y mantenida en el Museo de Mercedes-Benz.

Una de las mejores ambulancias de la época.

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